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Archivo por meses: diciembre 2016

El hombre en ruta constante

Las primeras migraciones de la humanidad fueron los viajes más grandiosos de todos los que se han realizado. Durante mucho tiempo, se descubrieron y habitan prácticamente todos los rincones del mundo. Los viajes posteriores siguieron las huellas de estos primeros valientes pioneros, que no sabían adonde iban porque nadie había estado allí con anterioridad.

Probablemente les impulsaba tanto la necesidad de encontrar alimentos como la curiosidad. A medida que la especie conseguía imponerse, la población aumentaba y se necesitaba más espacio para cazar, y, posteriormente, para plantar y sembrar.

Los primeros indicios -cabezas de flecha de pedernal, rastros de fuego o pintura- muestran que nuestros antepasados estuvieron allí, y actualmente somos capaces de ubicar su presencia cada día con más precisión No obstante, como explica el artículo sobre la mente emigrante, estas migraciones quizás fueron impulsadas por algo más que el hambre.

Parece existir algo en el espíritu humano que empuja a ciertos individuos a buscar más allá. Tanto si está en los genes como si no, este instinto de explorar ha sido la causa de los grandes viajes, y al analizar los desplazamientos y trabajos que se muestran se observará que se manifiesta una y otra vez.

Cuando aquellos primeros emigrantes de África se extendieron por toda Europa y Asia, e incluso pasaron de isla en isla hacia el sur hasta alcanzar Australia y Tasmania, parecían haber descubierto todo el mundo habitable. Pero, unos 18.000 años después, hacia el final de la última glaciación, se formó un puente de tierra entre Siberia y Alaska. En un periodo relativamente breve, los escasos cazadores intrépidos que o cruzaron se convirtieron en grandes grupos de pueblos diversos que colonizaron la totalidad de un Nuevo Mundo. Este mundo se mantuvo aislado del Viejo Mundo durante miles de años cuando el nivel de los mares volvió a subir al fundirse el hielo y desaparecer el puente de tierra. Con unas canoas dobles con batangas, los polinesios realizaron algunos de los más importantes viajes por mar de todos los tiempos, a lo largo de un período de más de 4.000 años.

Emprendían el viaje en un océano monótono e inmenso, y trataban de hallar cualquiera de las múltiples islas. Si las encontraban, se instalan y fundaban nuevas sociedades. En torno a 1200 a.c.llegaron a Nueva Zelanda en esa época ya habían descubierto y colonizado todas las demás islas habitables que se encontraban en el Pacífico. Los primeros testimonios de algunos de estos viajes proceden de los egipcios, los fenicios, los griegos y los romanos. La historia contemporánea de sus viajes está documentada y ha sobrevivido en relieves, esculturas de piedra o pinturas sobre tumbas y murales, así como en textos en los casos más afortunados. Sin embargo, lo más frecuente es que las historias nos lleguen a través de relatos posteriores rodeados de mito y leyenda, como segundas o terceras versiones de originales perdidos mucho tiempo atrás. A partir de ese momento, el impulso fue la con quista y, en algunas ocasiones, el comercio. Los egipcios penetraron en África y, a través de los ojos de Harkhuf, nos llegan sensaciones de la excitación provocada por sus exóticos trofeos de marfil, ébano y un bailarín pigmeo. Mil años después los egipcios enviaron flotas para explorar la costa africana, mientras los fenicios, esos grandes navegantes de la antigüedad, se aventuraban aún más viejos.

Mientras los imperios se desarrollaban, los primeros viajeros individuales comenzaban la gran tradición de viajar, observar y anotar Heródoto, el primer historiador del mundo y tam bién primer escritor sobre viajes, nos pone en contacto con las famosas campañas griegas contra los persas, y otras muchas cosas. Y el mercenario Jenofonte nos relata de primera mano su viaje de vuelta desde Persia a su hogar en Grecia. Alejandro Magno parece imparable, pues conquista prácticamente todo mundo conocido y culmina sus campañas con épica invasión de Oriente, hasta que finalmente cruzaron el Indo, y muere en el viaje de retorno.

En otra aventura militar, Aníbal se hace con el imperio romano, cruzando los Alpes con sus elefantes después de una gran campaña en España y el sur de la Galia. El emperador Adriano instauró las fronteras definitivas de Roma y pasó la mayor parte de su reinado viajando entre los extremos del imperio, Egipto y el norte de Gran Bretaña, donde construyó su famoso muro. Entre tanto, Piteas de Marsella nos revela los primeros atisbos de un océano más allá del mundo mediterráneo, y un norte misterioso donde el mar “se congela» y el sol apenas se pone. El tempestuoso viaje de san Pablo desde Jerusalén a Roma fue relatado por san Lucas. Fue esencial para el desarrollo de la primera cristiandad, además de constituir uno de los viajes por mar mejor documentados de la antigüedad.